Durante el año 2000 se llevó a cabo el proceso de privatización de la segunda sanitaria más importante de Chile. La compañía estatal ESSBIO requería de un aporte de capital privado para iniciar un ambicioso plan de saneamiento de las aguas servidas en la Región del Biobio, 500 kilómetros al sur de Santiago.
El proceso fue resistido por los principales ejecutivos de la compañía y por organizaciones de consumidores hasta ese momento desarticuladas y con poca influencia en la opinión pública local de Concepción, ciudad capital de esa región.
Las señales que llegaban al directorio del Sistema de Empresas Públicas, que llevaba el proceso, era de una resistencia menor a la incorporación de capital privado y que no habría contratiempos en el cronograma de trabajo. La principal actividad de la cruzada sería una consulta ciudadana para conocer la opinión de los habitantes de la ciudad.
Los cálculos más pesimistas advertían que la consulta no podría superar las 5 mil personas para una población de casi un millón de habitantes. Entonces, no tendría influencia alguna en el proceso y la percepción pública local.
Fueron más de 100 mil personas las que se manifestaron en contra de la privatización de la empresa en lo que constituye la acción ciudadana más emblemática en la región después de recuperar la democracia. La cruzada se había fortalecido y copado el clima de opinión local. Concepción no quería la privatización de su empresa de agua.
Desde ese momento el foco de la comunicación del proceso tuvo un giro profundo. Los criterios y acciones serían 100% local. No se podía privatizar sin un acuerdo con la región y sus liderazgos. Santiago dejaba de ser el foco y Concepción pasaba a ser más importante para el proceso de privatización. Y de paso, descubrimos como consultora en comunicaciones nuestro propio nicho: comunicación estratégica de asuntos locales.
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